¿Eres
de las personas que dejan de comer o incluso de ir al baño con tal de no
despegarse de la computadora?, ¿te cuesta trabajo desconectarte y si lo haces
te sientes ansioso y buscas reconectarte lo más pronto posible? Tal vez no lo
aceptes, pero es probable que seas adicto a Internet.
En los
personas jóvenes (entre 10 y 25 años) la tendencia es al uso
de Internet para el entretenimiento (música, vídeos o
juegos) los adultos tienden más a usarlo como un medio de comunicación
y herramienta de trabajo. Se han hecho varios estudios para monitorear la
actividad en Internet en el periodo laboral, en algunos casos se
llegó a casi 70 a 75% del tiempo laboral para comunicarse, chatear u otras
cuestiones personales, a partir de ahí muchas empresas han tomado medidas como
es la regulación y monitoreo constante de la actividad en Internet.
Alguien
que teniendo una trayectoria de vida en la que el uso de Internet representaba
una actividad compatible con sus relaciones personales, con su trabajo y no le
producía sentimientos de culpabilidad;
-
cambia su comportamiento por un exceso de tiempo dedicado a navegar,
-
jugar, comunicarse o comprar por Internet,
- el
sujeto sufre la pérdida del control frente al uso racional de Internet,
-
además, debe percibir que recibe una gratificación por su conducta, familiar y
profesional del individuo,
- y se
transforma en un problema para el sujeto y las personas de su entorno.
Hay un caso de adolescente de 17 años que
sufría ciberadicción y que confesaba que sin Internet no sabía
vivir:
Al
principio le bastaba con una partida de una hora pero cada día le apetecía
quedarse un rato más. A raíz de este juego, hizo algunos amigos internautas con
los que se comunicaba por las redes sociales y por Mensajería instantánea. No
hacía los deberes para poder dedicarle más tiempo a las partidas y a actualizar
los perfiles de las seis redes sociales de las que era usuario. Sus notas
comenzaron a bajar. Cuando sus amigos lo llamaban por teléfono, intentaba
colgar enseguida porque había dejado una partida abierta o alguien le
hablaba desde una ventana de Messenger.A raíz de hablar entre ellos, decidieron observarle más a conciencia para confirmar si aquel cambio se debía a un uso descontrolado de Internet: carácter violento, aislamiento respecto a sus amigos y amigas, además de sus compañeros y compañeras de clase, noches sin dormir, etcétera. Una vez que comprobaron que era así, que la agresividad se iba cuando se conectaba a Internet, que las únicas personas con las que se relacionaba eran las que había conocido en la Red o que no se acostaba al menos hasta las 6 de la mañana porque se quedaba conectado, se pusieron en contacto con un grupo de psicólogos especialistas en ciberadicción.
En el momento que reconoció su problema, se sintió en cierto modo aliviado y él mismo pidió ayuda. Mediante una terapia de restricción, el apoyo de su familia, amistades y compañeros y compañeras de clase, así como el de sus profesores y profesoras, consiguió recuperarse completamente.
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