viernes, 25 de julio de 2014

¿Ciberadicto o no?

¿Eres de las personas que dejan de comer o incluso de ir al baño con tal de no despegarse de la computadora?, ¿te cuesta trabajo desconectarte y si lo haces te sientes ansioso y buscas reconectarte lo más pronto posible? Tal vez no lo aceptes, pero es probable que seas adicto a Internet.

En los personas jóvenes (entre 10 y 25 años) la tendencia es al uso de Internet para el entretenimiento (música, vídeos o juegos) los adultos tienden más a usarlo como un medio de comunicación y herramienta de trabajo. Se han hecho varios estudios para monitorear la actividad en Internet en el periodo laboral, en algunos casos se llegó a casi 70 a 75% del tiempo laboral para comunicarse, chatear u otras cuestiones personales, a partir de ahí muchas empresas han tomado medidas como es la regulación y monitoreo constante de la actividad en Internet.  

Alguien que teniendo una trayectoria de vida en la que el uso de Internet representaba una actividad compatible con sus relaciones personales, con su trabajo y no le producía sentimientos de culpabilidad;

- cambia su comportamiento por un exceso de tiempo dedicado a navegar,
- jugar, comunicarse o comprar por Internet,
- el sujeto sufre la pérdida del control frente al uso racional de Internet,
- además, debe percibir que recibe una gratificación por su conducta, familiar y profesional del individuo,
- y se transforma en un problema para el sujeto y las personas de su entorno.


 Hay un caso de adolescente de 17 años que sufría ciberadicción y que confesaba que sin Internet no sabía vivir:

Al principio le bastaba con una partida de una hora pero cada día le apetecía quedarse un rato más. A raíz de este juego, hizo algunos amigos internautas con los que se comunicaba por las redes sociales y por Mensajería instantánea. No hacía los deberes para poder dedicarle más tiempo a las partidas y a actualizar los perfiles de las seis redes sociales de las que era usuario. Sus notas comenzaron a bajar. Cuando sus amigos lo llamaban por teléfono, intentaba colgar enseguida porque había dejado una partida abierta o alguien le hablaba desde una ventana de Messenger.

A raíz de hablar entre ellos, decidieron observarle más a conciencia para confirmar si aquel cambio se debía a un uso descontrolado de Internet: carácter violento, aislamiento respecto a sus amigos y amigas, además de sus compañeros y compañeras de clase, noches sin dormir, etcétera. Una vez que comprobaron que era así, que la agresividad se iba cuando se conectaba a Internet, que las únicas personas con las que se relacionaba eran las que había conocido en la Red o que no se acostaba al menos hasta las 6 de la mañana porque se quedaba conectado, se pusieron en contacto con un grupo de psicólogos especialistas en ciberadicción.


 En el momento que reconoció su problema, se sintió en cierto modo aliviado y él mismo pidió ayuda. Mediante una terapia de restricción, el apoyo de su familia, amistades y compañeros y compañeras de clase, así como el de sus profesores y profesoras, consiguió recuperarse completamente.

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